10.1.13

Dichos de Luder


“Dichos de Luder”, de Julio Ramón Ribeyro - Selección

1

—Luder pasa rápidamente delante de un mendigo que le extiende plañideramente la diestra.
—Puerco —grita el pordiosero.
Luder se detiene y regresa sonriente con una moneda en la mano.
—Solo esperaba que me llamaras por mi nombre.

2

—¿Has leído su última novela? —le preguntan, refiriéndose a un autor famoso —¡Qué musicalidad, qué ritmo, qué riqueza de voces! ¡Es un verdadero oratorio!
—Que lo cante —responde Luder.

3

Envidian a Luder porque una o dos veces al mes se amanece conversando con un amigo muy inteligente.
—¡Debe ser una conversación apasionante!
—Ni crean. Como ignoramos más de lo que sabemos, lo único que hacemos es canjear fragmentos de nuestra propia tiniebla interior.

4

—Ven con nosotros —le dicen sus amigos—. La noche está esplendida, las calles tranquilas. Tenemos entradas el cine y hasta hemos reservado mesa en un restaurante.
—¡Ah, no! —protesta Luder—. Yo sólo salgo cuando hay un grado, aunque sea mínimo, de incertidumbre.

6

Le preguntan a Luder por qué no escribe novelas.
—Porque soy un corredor de distancias cortas. Si corro maratón, me expongo a llegar al estadio cuando el público se haya ido.

15

—Así como hay una palabra que ha dado origen a todas las palabras —dice Luder—, debe haber una sentencia que contenga todas las enseñanzas y toda la sabiduría del mundo. Cuando la descubramos el tiempo cesará de existir, pues habremos entrado a la era inmóvil de la perfección.

19

Le hacen notar a Luder que nunca ha manifestado celo ni envidia por el triunfo de sus colegas.
—Es verdad. Eso les puede dar una idea de la magnitud de mi soberbia.

23

—¡No, por favor! —protesta Luder cuando vienen a buscarlo una vez más para que firme un manifiesto humanitarista o participe en un mitin a favor del pueblo oprimido—. Amar a la humanidad es fácil, lo difícil es amar al prójimo.

40

—Déjenme tranquilo —dice Luder a sus amigos que lo sorprenden tendido de espaldas en la azotea mirando el cielo estrellado—. Este es uno de los pocos recursos que me quedan para entrar en tratos con el infinito.

46

Le preguntan a Luder por qué rompió con una amiga a la que adoraba.
—Porque no tenía ningún contacto con su pasado. Vivía constantemente proyectada en el tiempo por venir. Las personas incapaces de recordar son incapaces de amar.

52

—No es que yo sea bondadoso —dice Luder—. Sucede simplemente que no soy malo. He escogido el cómodo camino de la virtud por omisión.

53

Luder regresa de su habitual paseo por el malecón.
—Estoy confundido —dice—. Cuando me aprestaba a gozar de una nueva puesta de sol, un vagabundo salta la baranda, camina hasta el borde del acantilado, se baja los pantalones y se caga mirando mi crepúsculo. Eso demuestra la relatividad de nuestras concepciones estéticas.

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