A mamá le gustaba la señora Delancy. A papá, no. La señora Delancy tenía un hijo, Zachary, que iba a tercer curso cuando yo estaba en el jardín de infancia. Zachary solía tumbarse bajo el trepadero y, cada vez que una niña se columpiaba por encima de él, decía en voz alta de qué color eran sus bragas, incluso si la niña llevaba pantalones y no podía vérselas. Me consta que mis padres estaban enterados de ello porque fui yo misma quien se lo contó. A papá le parecía una información revelado…
Una figura roja con el rostro enmarcado por una toca blanca, una figura como la mía, una mujer anodina, con un cesto, que camina en dirección a mí por la acera de ladrillos rojos. Se detiene a mi lado y nos miramos la cara a través del túnel blanco que nos sirve de marco. Es la que esperaba. —Bendito sea el fruto —me dice, pronunciando el saludo aceptado en-tre nosotras. —El Señor permita que madure —recito la respuesta aceptada. Nos volvemos y pasamos…
El teléfono sonaba a lo lejos: Grady nunca había considerado tan importante una llamada; sin hacer caso de la extensión que había en la cocina, atravesó corriendo un laberinto de pasillos del servicio hasta llegar al apartamento exterior y a su propio cuarto. Era Apple, y llamaba desde East Hampton. Habla despacio, le dijo Grady, porque al otro lado de la línea sólo oía un montón de palabras farfulladas: ¿Qué intentaba arruinar a la familia?, dijo, cuando cayó en la cuenta de que la prolij…
Odio los semáforos. En primer lugar porque están siempre en rojo cuando tengo prisa y en verde cuando no tengo ninguna, sin hablar del amarillo que me provoca una indecisión horrible: ¿freno o acelero? ¿Freno o acelero? ¿Freno o acelero? Acelero, después freno, vuelvo a acelerar y al frenar de nuevo ya me ha entrado una furgoneta por la puerta, ya se ha juntado un montón de gente con la ilusión de la sangre, ya un tipo empuñando una llave inglesa ha salido de la furgoneta llamándome Pedaz…
Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a revolucionar la economía hogareña. El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras, anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger …