10.4.15

TEATRO DE CRUELDAD



Era una bonita mañana de verano, de las que hacen que un hombre se sienta feliz de estar vivo. Y probablemente el hombre se habría sentido más feliz si hubiera estado vivo. Estaba, de hecho, muerto. Habría sido difícil estar más muerto sin entrenamiento especial.

"Bueno," dijo el sargento Colon (guardia de la ciudad de Ankh-Morpork, patrulla nocturna), consultando su libreta, "hasta ahora tenemos como causa de la muerte a) ser golpeado con al menos un instrumento contundente b) ser estrangulado con una ristra de salchichas y c) ser salvajemente atacado por al menos dos animales con grandes dientes afilados. ¿Qué hacemos ahora, Nobby?"

"Arrestar al sospechoso, sargento," dijo el cabo Nobbs, saludando elegantemente

"¿Sospechoso, Nobby?"

"Él," dijo Nobby, golpeando el cadáver con su bota. "Yo diría altamente sospechoso, estar así de muerto. Además, ha estado bebiendo. Podríamos arrestarlo por estar muerto y por escándalo público."

Colon se rascó la cabeza. Arrestar al cadáver, ofrecía, desde luego, algunas ventajas. Pero...

"Reconozco," dijo lentamente, "que el capitán Vimes querrá que esto se solucione. Mejor llévalo a la Casa de la Guardia, Nobby."

"¿Y después nos podemos comer las salchichas, sargento?" dijo el cabo Nobbs.

No era fácil ser el jefe de policía de Ankh-Morpork, la ciudad más grande del Mundodisco[*].

Probablemente había mundos, reflexionaba el capitán Vimes en sus momentos melancólicos, en los que no hubiera magos (que convertían las habitaciones cerradas en un misterio) o zombis (los casos de asesinato eran muy extraños cuando la víctima podía ser el testigo principal) y donde se pudiera confiar en que los perros no harían nada por las noches y no irían por ahí hablando con la gente. El capitán Vimes creía en la lógica, de forma muy parecida a la que un hombre en el desierto creía en el hielo -- es decir, era algo que realmente necesitaba, pero este simplemente no era el mundo adecuado para ello. Sólo por una vez, pensó, estaría bien resolver algo.

Miró al cuerpo, cuya cara estaba ya azulada, tendido en la mesa, y sintió un ligero atisbo de emoción. Había pistas. Nunca había visto pistas decentes hasta entonces.

"No puede haber sido un ladrón, capitán," dijo el sargento Colon. "La razón es que sus bolsillos estaban llenos de dinero. Once dólares."

"Yo no llamaría a eso llenos," dijo el capitán Vimes.

"Estaba todo en peniques y medios peniques, señor. Estoy impresionado de que sus pantalones aguantaran el peso. Y astutamente he descubierto que se dedicaba al mundo del espectáculo, señor. Tenía unas tarjetas en su bolsillo, señor. 'Chas Slumber, Espectáculos para niños'."

"Supongo que nadie vio nada," dijo Vimes.

"Bueno, señor," dijo el sargento Colon amablemente, "Le dije al agente Zanahoria que fuera a buscar testigos."

"¿Le pediste al cabo Zanahoria que investigara un asesinato? ¿Él sólo?" dijo Vimes.

El sargento se rascó la cabeza.

"Y él me preguntó, ¿conoces a alguien muy viejo y seriamente enfermo?"

Y en el mágico Mundodisco, siempre hay un testigo garantizado para cualquier homicidio. Es su trabajo.

El agente Zanahoria, el miembro más joven de la Guardia, a menudo parecía simple para los demás. Y lo era. Era increíblemente simple, pero del mismo modo que una espada es simple, o una emboscada es simple. También era posiblemente la persona con el pensamiento más lineal en la historia del universo.

Había estado esperado al lado de la cama de un anciano, que había disfrutado bastante de su compañía. Y ahora era el momento de sacar su libreta.

"Bien, sé que usted vio algo, señor," dijo. "Estaba allí."

BUENO, SÍ, dijo la Muerte. TENGO QUE ESTAR, SABES. PERO ESTO ES MUY IRREGULAR.

"Verá, señor," dijo el cabo Zanahoria, "tal y como yo entiendo la ley, usted es un Complemento Tras El Hecho. O posiblemente Antes Del Hecho."

JOVEN, YO SOY EL HECHO.

"Y yo soy un agente de la ley," dijo el cabo Zanahoria. "Tiene que haber leyes, ya sabe."

QUIERES QUE...EH...¿SEÑALE A ALGUIEN? ¿DELATE A ALGUIEN? ¿QUE CANTE COMO UNA PALOMA? NO. NADIE MATÓ A MR. SLUMBER. NO PUEDO AYUDARTE CON ESO.

"Oh, no lo sé señor," dijo Zanahoria, "Creo que ya lo ha hecho."

MALDITA SEA.

La Muerte vio como Zanahoria se marchaba, agachando la cabeza mientras bajaba las estrechas escaleras de la casucha.

AHORA, POR DONDE IBA...

"Perdona," dijo el anciano en la cama. "Resulta que tengo 107 años, sabes. No tengo todo el día."

AH, SÍ, CLARO.

La Muerte afiló su guadaña. Era la primera vez que ayudaba a la policía en sus investigaciones. Aún así, todo el mundo tenía un trabajo que hacer.

El cabo Zanahoria paseaba tranquilamente por la ciudad. Tenía una Teoría. Había leído un libro sobre Teorías. Sumabas todas las pistas, y tenías una Teoría. Todo tenía que encajar.

Había salchichas. Alguien tenía que comprar salchichas. Y después estaban los peniques. Normalmente sólo un subsector de la raza humana pagaba las cosas con peniques.

Llamó a la puerta del fabricante de salchichas. Encontró a un grupo de niños y charló con ellos durante un rato.

Después volvió al callejón, donde el cabo Nobbs había dibujado el contorno del cuerpo en el suelo (coloreándolo, y añadiendo una pipa y un bastón y algunos árboles y arbustos al fondo -- la gente ya había dejado 7 peniques en su casco). Prestó atención a un montón de basura al final de la calle, y después se sentó en un barril viejo.

"Está bien... ya podéis salir," dijo al mundo en general. "No sabía que quedaran gnomos en el mundo."

La basura se removió. Salieron uno tras otro -- el pequeño hombre con el sombrero rojo, la joroba y la nariz de garfio, la pequeña mujer con un gorro llevando un bebé aún más pequeño, el pequeño policía, el perro con un collar alrededor del cuelo, y el pequeñísimo cocodrilo.

El cabo Zanahoria se sentó y escuchó.

"Nos obligó a hacerlo," dijo el hombrecillo. Tenía una voz sorprendentemente profunda. "Solía pegarnos. Incluso al cocodrilo. Era lo único que entendía, golpear cosas con palos. Y solía llevarse todo el dinero que Toby el perro recogía y se emborrachaba. Y entonces huímos y nos acorraló en el callejón y empezó con Judy y el bebé y se cayó y..."

"¿Quién le golpeó primero?" dijo Zanahoria.

"¡Todos nosotros!"

"Pero no muy fuerte," dijo Zanahoria. "Sois todos muy pequeños. Vosotros no lo matasteis. Estaba muy convencido de eso. Así que fui y le eché otro vistazo. Se ahogó. ¿Qué es esto?"

Sostuvo un pequeño disco de cuero.

"Es como una bocina," dijo el pequeño policía. "Lo usaba para las voces. Decía que las nuestras no eran lo bastante divertidas."

"¡Así se hace!" dijo la que se llamaba Judy.

"Estaba atascado en su garganta," dijo Zanahoria. "Sugiero que huyáis. Tan lejos como podáis."

"Pensabamos que podíamos organizar una cooperativa," dijo el gnomo jefe.

"Ya sabes... drama experimental, teatro callejero, ese tipo de cosas. No golpearnos entre nosotros con palos..."

"¿Actuabais así para los niños?" dijo Zanahoria.

"El decía que era un nuevo tipo de diversión. Dijo que se pondría de moda."

Zanahoria se levantó, y tiró la bocina al montón de basura.

"A la gente no le gustará," dijo. "No es la manera de hacerlo."


fin



[*] Que es plano y va por el espacio sobre el lomo de una tortuga enorme, y por qué no...

"Teatro de Crueldad" fue originalmente escrito para la revista W. H. Smith "Bookcase". La versión extendida reproducida aquí arriba fue publicada más tarde en el programa de la convención OryCon 15. Una historia corta del Mundodisco - Copyright © Terry Pratchett 1993

Esta versión online de la historia está disponible en Internet gracias a la amable indulgencia del autor, quien se reserva todos los derechos de la historia. En sus propias palabras: "No quiero verla en distribución impresa en ningún lado pero no me importa que la gente se la baje de Internet para leerla."

Traducido por: Jorge E. Mora Tordecillas & María 'Alia' Romero

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