Te diré el secreto: todo es violencia. Estas vías del tren, oxidadas, la explícita tristeza de los trenes de cercanías, el temblor de los horizontes en las ventanas, tus sueños, mis sueños, todos los espejos, las horas en el cenicero quemándose entre tú y yo, los silencios que no se abren, la subjetiva distancia entre dos cuerpos desnudos, dos luces, dos pieles resbalando en una lenta lejanía, la memoria del mañana que hemos firmado hoy, esta lluvia fina y persistente, ¡mírala!, que pudrirá la uva y la ternura, la carne, los adioses sin manos. Todo es violencia.
¡Viva Sertorio!
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El camarero del Petit Café me dice que no para de sudar, que se engancha
por todas partes, que parece un cromo. Intento no quejarme, pero la vuelta
al M...

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