19.11.12

El rostro del lector



Edmon Jabes, decía "mirád, no tengo rostro, lo que exhibo es la cara del instante", refiriéndose a él como poeta. Roberto Bolaño en esta entrevista habla del rostro del lector. Y yo quiero hablaros de mi no relación con Roberto Bolaño. Los tres salvando las diferéncias hablamos en el fondo de lo mismo, del profundo amor que sentimos por la literatura.

Roberto Bolaño
"En 1983, a los veintidós años, empezó la tarea de traducir D'Arsonval. Nadie le pidió que lo hiciera. No había entonces ninguna editorial francesa interesada en publicar este alemán de nombre extraño. Pelletier empezó a traducirlo básicamente porque le gustaba, porque era feliz haciéndolo, a pesar de qué también pensó que podía presentar la traducción, precedida de un estudio sobre la obra archimboldiana, como tesis y, quién sabe, como la primera piedra de su futuro doctorado."

.Este párrafo de 2.666 que se refiere a uno de los protagonistas de la novela, el crítico francés Jean-Claude Pelletier, me dio la idea de traducir la novela de Roberto Bolaño al catalán. Empecé muy embalado, sobre todo por el hecho de que atravesaba una de estas épocas en que uno uno se queda seco y no se le ocurre nada que escribir de cosecha propia. Este recurso de traducir en tiempo de sequía ya lo había utilizado con Rimbaud o Vila Matas, pero nada comparado con el reto de hacerlo con mi autor más apreciado y con su última novela. Ahora estoy acabando de traducir la parte de Amalfitano.

Ha sido ciertamente extraña mi relación con Bolaño. Supe de él por primera vez el verano del 2001, leyendo Soldados de Salamina de Javier Cercas. Aquel verano en el més de agosto estaba en Blanes de vacaciones, quise comprobar si el personaje de Roberto Bolaño era real o un invento de Cercas. Al llamar a información de telefónica y dar nombre y calle (Cercas hablaba de la calle ancha, en el centro de Blanes) una señorita muy amable me dijo que si tenía teléfono este señor pero que estaba restringido y no me lo podía dar. ¡Vaja! Me dije, entonces el personaje se real, y o bien es importante o exiliado político (de hecho era las dos cosas) pués de no ser así no tendría restringido el número de teléfono.

El segundo paso, fue a primera hora de la mañana que acostumbraba a caminar cada día desde los pinos hasta el puerto, pasarme por la calle ancha a ver cuál podía ser la casa de aspecto colonial que mencionava Javier Cercas, pero es un concepto un poco relativo y había dos o tres que podían serlo. A día de hoy todavía no se cuál es exactamente.El tercer paso consistió en ir a una librería muy pequeña que hay en el paseo de dentro donde está por la mañana el mercado de los campesinos y preguntar si tenían alguna novela de él, si vivía en Blanes parecía lógica la deducción. En entrar en la librería no había nadie, pensé que la persona encargada - así era - había salido un momento. Mientras esperaba de espaldas al mostrador, en el fondo a la izquierda encima de una estantería giratoria me llamó la atención un libro rojo del cual sólo veía el lomo, pero que me atrajo como un imán. El libro era "los detectives Salvajes". Lo tenía en la mano cuándo entró la dependienta. El mismo día empecé a leer ...Quien lo haya hecho a quien haya cogido distraído si como yo no conocía nada de Bolaño, supongo se sentiría igual de desconcertado cuando la novela, que sigue las peripecias y aprendizaje de Garcia Madero por el México DF de los 70 s, de repente cambia radicalmente en su giro narrativo. Reconozco que me detuve y durante una temporada la novela quedó olvidada pero a mano, por si acaso. Al tiempo la empecé de nuevo, desde el principio y ya no paré, sin embargo, me gustaba tanto (a veces tenía que volver atrás pués algo se me había escapado y alguna cosa no me cuadraba) que dosificaba su lectura para que no se acabara. Un día, debería ser lunes por lo que después diré, faltaban para acabarla, unas 100 páginas, y sentí la imperiosa necesidad de acabarlo yéndo a dormir más tarde de la cuenta, aspecto inusual en mí.


Al día siguiente y por lo que decía antes debió ser el martes, mientras subía al coche y arrancaba la radio acababa la tertulia de Foix, Portabella y Zanuy y en las postrimerías solo llegué a entender que había muerto el día antes un escritor que había ganado el premio Herralde, por lo tanto la duda era, Bolaño o Vila Matas. Al llamar a Catalunya Radio me confirmaron que quien había muerto era Roberto. Y ésta fue mi relación, o mejor dicho, no relación con él.
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